21 de enero de 2011

obscurĭtas


Quemé mi sombra
y enterré las cenizas cerca de mi corazón
Visité el inframundo como Odiseo
para descansar al fin de este infierno
Redacté todas mis disculpas y las arrojé al vacío
Sinceré mi corazón masacrando a la inocencia
Mi rostro se cubrió con nuevos velos carmesí: monstruo, abominación, engendro
Rechacé la luz para siempre
Y contra el horizonte tricé toda esperanza
Di mi espalda a la humanidad
mientras suplicaba por salvación, susurré: no
La noche ausente de luz  se volvió mi piel
La sangre y el dolor rebosaron mi sendero
Me hundí hasta asesinar a mi propio mito
La piedad se perdió en al abismo
y sumergido en la penumbra pude contemplar la realidad.

Nelson Ampuero. 2011. Reservado todos los derechos.
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